Venga, ahora de verdad
Saludos a todos los que os habéis atrevido a visitar éste mi Blog. Probablemente no hayáis tenido muchas noticias mías, exceptuando a los más asiduos del Messenger (¿habrá día en que no hable con Jorge?), que habréis comprobado que ya no estoy las 24 horas del día conectado, sino que sólo las 6 del trabajo y poco más. El caso es que aquí no tengo demasiados momentos de respiro para responder a todos los correos que me enviáis, y para evitar tener que escribir 50 veces lo mismo he preferido crear un Blog en el que iré contando que tal me va por estas tierras (lo cual no significa que no vaya a responder los mails). También relataré los diversos viajes que he hecho e iré haciendo de aquí en adelante. Llevo algo más de un mes por aquí, y creo que es hora de ir recapitulando un poco mis sensaciones.Me alojo en un Campus llamado Beaulieu, repleto de edificios con todos los estudios de ciencias. Los hay para dar clase, otros de investigación (como el IETR, que es donde trabajo), en total lo menos 20, separados entre sí por grandes extensiones de bosque y césped. El día que llegué me encontraba completamente perdido, si hubiera ido de expedición a una luna de Jupiter no me hubiera sentido más desorientado, y claro, tampoco conocía a nadie en absoluto.
Después de perderme unas 30 veces al día siguiente (como sabéis, la orientación de Ryoga no tiene nada que envidiar a la mía) pensaba que sería devorado por una manada de lobos esteparios antes de encontrar la maldita oficina de Relaciones Internacionales. Gracias a Dios que conocí de casualidad a un chaval de Sevilla llamado Luis, que me hechó una mano para arreglar todo el papeleo de ese día. Más tarde me daría cuenta de que más que casualidad fue pura estadística, ya que los españoles aquí resultamos ser lo que se dice una plaga.
A partir de conocer a Luis la cosa se fue desmadrando un poco. Empecé a conocer a gente a un ritmo exponencial, mayormente españoles. Cuando estábamos convencidos de que eramos muchos ya, llegaba otra oleada de españoles. La primera semana no paramos ni dos segundos. Cuando no estabamos arreglando papeles o yendo a recoger a algún españolito, nos apuntabamos a la primera fiesta que encontrábamos. Salimos todos los días durante lo menos una semana, y mi memoria no alcanza para relatar todo lo sucedido esos días de lo intensos que fueron.
A la semana siguiente, mi profesor del proyecto vino de Chequia, y tuve que empezar a trabajar. Claro, que no se puede decir que me pusiera con las manos en la masa los primeros días, digamos que seguía con la inercia de la primera semana y tardé un poco en ponerme en serio.
Una de las cosas que más me gusta de este pais es la cantidad de servicios sociales que hay. Para empezar el autobus y el metro me salen gratis, ya que se supone que mis ingresos (la exigua beca Erasmus) no me dan ni para comer prácticamente. También me pagan un 40% de la vivienda (el llamado CAF), y la comida en los restaurantes universitarios cuesta sólo 2'70€. Claro que todo lo demás es sensiblemente más caro que en España, y la residencia en la que estoy no es precisamente la Zarzuela, tengo que comprar bastantes cosas para la supervivencia diaria.
En fin, por ahora está bien, seguiré comentando con más tiempo otros aspectos de la vida aquí, y cuando tenga todas las fotos de los viajes haré algunos reportajillos.

